La próxima curva está ahí

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La próxima curva está ahí

Vender el cuerpo

He vuelto a prostituirme. El alma no se alquila. Se puede vender el cuerpo.  Después de tres años, ha vuelto a pasar. Aún quedan unos días. Acabo de darme cuenta. He llegado a casa, me he desvestido, me he recogido el pelo y al ritmo de Orishas, he abierto la botella que no tenía que abrir- sé que a Juan no le importará- después, me he recostado en la alfombra de topos. Cómplice de otras entregas. 

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Un día decides dejarlo, ya has sufrido, ya has visto que no hay nada más que hacer. Que tu camino y el suyo apenas se cruzan. Una colisión tras otra es la única actividad. Los fluidos corren pero son otros. Te miras al espejo y has perdido la sonrisa. Te mantienes erguida sobre los tacones y continúas hasta que la brisa recorre tu rostro. Sientes libertad. Como aquella vez con la melena suelta, kilómetros por delante y toda la atención puesta en la siguiente curva, y en la otra, y en la de más allá. Así, aprendí algunas cosas y descubrí otras tantas. La flotación, la ilusión, la pasión…

Rasgué todas las páginas que tenía evitando rasguñar el resto. El alma, bajo una dura hipoteca. Todo lo demás había quedado a un lado, hasta la sonrisa. Inicié una excursión, sola, envalentonada, tocando timbres a media noche. Recuperé la llave de lo más mío entre sábanas y sábanas. 

Sin esperarlo, un día a deshoras sonó el teléfono, la voz más dulce y la mejor preposición del otro lado. Sabes que no es una buena idea… Rehuyes. Está todo bien. Un interrogante se ha quedado. Ahí. Atrás. Ya lo conoces, seguro que no hay nada nuevo. Consciente de que pudo sacar de ti pasiones que sabías que estaban ahí. ¿Volverá a hacerlo ahora? Sucumbes. Asumes un compromiso. Compromiso que hoy me quema. Compromiso que ha vuelto a embargarme, a enturbiarme la sonrisa. Esta vez, no he alquilado el alma. El talón de la próxima semana lo ha valido. La próxima curva está ahí, poco después de mi cintura. ¿Me acompañas?

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