Infidelidades y separaciones (I)

Cambiando de piel
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¡Qué difícil es decir me voy de casa, ya no te quiero! Cuántos rodeos damos para no decirlo, para no herir a la que ha sido nuestra pareja, nuestro compañero. Algo tan simple, el haber dejado de querer, de amar y tan complejo de asimilar.

Como sabéis las últimas semanas han ido de rupturas, todas diferentes, aunque me quedo con dos ejemplos. El que deja y el que es infiel.

Siempre he pensado que el que deja es el que peor lo pasa, antes de tomar la decisión has sufrido en silencio, sin poder comentarlo, intentando convencerte de que solo es una mala racha y que el trabajo y el ambiente familiar están provocando que estés más irascible.

Un día te cruzas con alguien que te hace tilín. Sientes cosas que hacía mucho que no sentías. Recuperas ilusiones que se habían perdido. Te sientes culpable al llegar a casa por ser feliz, por sonreír y  porque el responsable no es él, es ÉL. Pasan los días, los meses y el deseo se hace más fuerte. Quieres escaparte, cualquier excusa es buena. Sueñas con desnudarte en su cama, con cómo sería la vida junto a ÉL. Mientras tanto él intenta complacerte en cosas que ya no tienen importancia.

Llega el día que pasa en el que te acuestas con ÉL y al volver a casa te sientes prisionero. Tu hogar ha dejado de serlo, anhelas con volver a salir y refugiarte en los brazos de ÉL. No importa cuánto dure. Después de dos años has vuelto a sentirte viva y no puedes volver atrás. Llega la temida conversación.

-Angie, ¿qué te pasa? Estás intratable.

– Se acabó. Ya no puedo más… Lo he intentado pero no soy feliz y tú a mi lado tampoco.

– No puede ser, yo te quiero. Aún no estás bien del todo, haré lo que quieras, podemos superarlo.

– Quizá si me ha embargado la locura, la de vivir. Lo siento, juntos no somos felices. Yo también te quiero pero mi amor hacia ti es de otra manera. Mañana me iré. Igual me arrepiento pero es un riesgo que debo asumir. Me falta el aire.

A todo lo que estuve dándole vueltas durante meses, en solo un instante supe articular unas palabras contundentes que no fueron muy cuestionadas.  Sabes que no estás bien pero no sabes cómo salir de ahí. Siempre es un poco más, siempre hay una excusa para seguir una semana más…

Él se quedó destrozado mientras yo seguí llorando semanas. No sabía si realmente había hecho lo correcto. Teníamos un castillo. Todo marchaba. El plan estaba perfectamente trazado. Tan encorsetados, tan centrados en cumplir una serie de metas que me ahogué en una vida de mentiras. Él no supo adaptarse y yo olvidé la relevancia de mis deseos. Él pensó que me había vuelto loca por completo mientras yo me escudaba en esa idea.

vintage-ilusion

Cada uno se fue por su lado, rápidamente nos repartimos los bienes. Fue fácil, se lo dejé todo. A los pocos meses, empecé a echar de menos sus llamadas para verme, para decirme que había llegado correo… Es el momento en el que ves que tu vida ha cambiado. Que estás en otra parte y no es tan idílica como habías imaginado. Sí, es lo que deseabas pero echas de menos el castillo. Aquella cotidianidad, aquella vida que aborreciste resulta que la echas de menos. ¿Quiero volver?

De la misma manera que un día me encontré con ÉL y sirvió como incentivo para dar el paso, me encuentro con Él y lo veo contento con otra. Qué rabia sentí. Con lo que había sufrido y a pesar de que estaba haciendo lo que quería aún no era feliz, en cambio, Él sonreía.

Como dos y dos son cuatro, le llamé. Sin dudarlo me invitó a cenar a la que era nuestra casa. Iniciamos un idilio. Aunque seguía sin funcionar me esforcé en intentarlo. En volver a estar juntos, en hacer cosas. Pero algo había cambiado. Nuestra relación se había roto más. Las familias estaban contentas de la vuelta. Seguíamos sin ser felices. Nuestra historia se alargó un par de meses posiblemente podríamos haber seguido a por el siguiente punto del plan pero me bajé del tren.

Supongo que necesitaba cerciorarme del rumbo de mi nueva vida. Todo era un abismo, estaba sola, todo estaba por hacer. Es un sentimiento que apabulla pero al mismo tiempo es mágico. Pude volver a construir mi vida, equivocándome un millón de veces. Él siguió con el siguiente punto trazado al poco tiempo.

Sí, fui infiel y siempre lo negué, no era necesario hacer más daño. No me arrepiento de haberme acostado con ÉL, ojalá y lo hubiese hecho antes. Le deseé tanto que magnifiqué su persona y me torturé por desear aquello que no podía ser, que no estaba bien. Olvidé y no presté atención a los verdaderos motivos que provocaban mi descontento.

Ahora ya ha pasado mucho tiempo y jamás he vuelto a ser infiel. Desde entonces me mantengo firme en mis principios, en lo que quiero y mi cuerpo lo comparto con todo aquél que me apetece. Nunca otro podrá volver a decirme “no encontrarás a nadie que te quiera más que yo“.

En cambio, hoy, sí puedo decir-  “¡qué bien haberte conocido!”.

1 Comment

  1. Cuando uno es infiel a otro por motivos tales como: cansancio, desgaste, confusión… se pueden plantear los por qués. ¿Qué pasa cuando todo va bien y no hay motivos? ¿cambia ahí la respuesta? porque creo que debería..

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