Martes y luna llena

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Martes y noche de luna llena, un día en el que no debes ni casarte ni embarcarte. Vuelta a casa, sin batería, tras una larga conversación telefónica, de esas en las que poco puedes decir.Treinta minutos me separan de la cama, hoy vacía. Tiempo en el que voy a intentar dejar la mente en blanco, mirando la luna.

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Preciosa la carretera. Sinuosa. La luz de la luna llena rebota sobre la pared de piedra. Se dibuja aún más el perfil del camino. Noche de pleno verano, sobre una carretera secundaria, entre huertos. La luz del ambiente sería suficiente para llegar. Atravesando diferentes olores, los de los cultivos. Anhelo pasar por higueras, ese aroma sí es de verano. Me conformo con la hierba húmeda.

Hace un segundo sonreía por tener un momento en silencio, para mí, con mis pensamientos, tomando conciencia de mi cuerpo, de mi entorno, de mi amante. Qué poco ha durado, me conformo con la hierba húmeda. Absurdo.

Como absurdo es esperar que sucedan cosas que sabes que no pasarán, o peor aún, que sabes que un día volverán a repetirse. Como hoy, noche de luna llena. Quizá por su influjo. Quizá sea la distancia de los viajes, amiga. Pero ahí estamos, casi en el mismo lugar. Deseando que vuelvan vivencias que ya pasaron. Que han desembocado en lo que hoy hay. ¿Por qué, preguntas? Por la tendencia a no escucharnos, a no saber lo que nos está sucediendo. Porque es complicado poner palabras.

Porque de la última luna hace 28 noches y la viví de una forma muy diferente, pero la esencia es la misma. Su luz. Su magia. Quizá es el mismo motivo por el que se elije a un amante y no a otro. Es sencillo perderse. Dejar los detalles. No ver la sinuosidad de su cuerpo, su textura, su dulzura, los aromas de su piel, su sabor real. No percibir el reflejo de su mente. Olvidar que nos hace sonreír es más sencillo que recordar que lo hacemos de forma involuntaria. Excusarnos en su poder de alienación es más cobarde que asumir nuestros deseos reales, por no pararnos a escuchar los silencios. Los de su cuerpo, los nuestros.

El de ahora roto por el mar y unos grillos, bajo la ventana. De fondo, la luna. Recuerda que es martes. Sí, mi cama está vacía, hoy. 

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