Entre Brazos y Abrazos al Cubo

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Entre Brazos y Abrazos al Cubo

Cuando quieres abrazar a alguien y no puedes. Qué difícil, qué duro. Hace un par de semanas que tengo unas ganas locas de abrazarle, hace más de un año que no pasa. Echo de menos que me estruje ese grandullón. Hace exactamente un año que no estaba entre sus brazos. No recordaba ningún abrazo, solo su gran espalda y ese culete perfectamente redondeado y bien prieto. No me había planteado sentirme tan cómoda abrazándole, permitiéndole que me abrazara.

Mi amiga, hace tiempo que no sentía un abrazo de verdad, de esos sinceros, en los que te deshaces. Qué gratificante y qué duro, al mismo tiempo sentir un abrazo. Ella, ahora, está aterrada. Necesita más abrazos pero parece que debe tener calma… ¡Cómo somos las mujeres!

No soy muy amiga del contacto físico. Del justo y necesario para poder jugar con tu amante sin que parezca únicamente sexo. Quizá es algo que hasta me cuesta. Y como me decía mi amiga el otro día, abrazarte a ti debe ser una auténtica locura… Locura o cordura pocas veces tengo la necesidad y me sorprendo dándolos, me sorprende recibirlos.

Entre los brazos está la cuestión estos días. Pensando en verle después de más de un año, echándole de menos, ¿cómo no he reparado en él de forma más consciente hasta ahora? El mismo día se resolvieron varias incógnitas. También recordé aquella espalda. Horas más tarde, descubrí que el grandullón tardará un año más en volver a la ciudad, cosas de vivir en una isla, y que el otro ha vuelto por unos días, cosas de ser isleño. No eran los brazos que deseaba pero iba a dejarme arropar.

¿Cuántas veces no es lo que deseas, ni te imaginas que pueda suceder, y te sorprende cuándo llega? Como a mi amiga, tremendamente emocionada con esos nuevos abrazos. Yo misma, con un abrazo sincero y profundo enmarcado por esa perfecta blanca sonrisa y ese peculiar brillo en los ojos, a la vuelta a casa. Y como aquella otra noche que volvimos a dejarnos llevar por la situación, por el momento. Un momento más que especial.

Disfruté de los brazos, de la espalda y de su trasero, una vez al año no hace daño y resulta curioso ir descubriendo a una persona poco a poco. Aún sabiendo que el final está más cercano que el principio. Aún cuando no corren ni las ratas por la calle, tienes margen para hacer ese tipo de cosas.

Igual de curioso que aquel primer abrazo del grandullón, cuando tras dos semanas de intensa grabación quisimos matarnos. Su perdón no fueron palabras, me dejó sin aliento en aquel campo de golf en Cancún… ¡Qué bonita forma de disculparnos! ¿Nos cuidamos? ¿Nos abrazamos?

2 Comments

  1. bigpte dice:

    Prueba con el tango. Abrazos y abrazos. Un diálogo corporal sin palabras. Descubre al otro y descúbrete en cada abrazo. Su olor, lo que propone y como reacciona ante ti.

  2. vivelsexo dice:

    Suena realmente bien… Muy muy bien!!! Lo intentaré… Gracias!!!!

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