Cosas de Amantes

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Entraba a prisa en el banco, tenía que solucionar con urgencia un tema. Mi sorpresa fue cuando tras la puerta me encuentro con él. Sonrisa inevitable por parte de ambos. Hacía un par de días que pensaba en él. Tenía ganas de verle. No ahí, en otro lugar más íntimo. En uno de los rincones improvisados que nos van encontrando.

Quería verle y lo tenía justo delante. Mantén la compostura, mantén la compostura, me repetía en silencio. Rápidamente, mientras nos besamos, miro alrededor de la oficina, claro, hay gente. Uno de los cajeros del banco está observando qué hacemos. Él iba al cajero automático cuando le he interrumpido al entrar, yo tenía que dirigirme a la mesa. Intercambiamos una breve conversación, apenas dos desconocidos. No podíamos dejar de mirarnos, manteniendo esa distancia vital más que prudente, quiero acercarme a él pero no puedo. Me molesta estar aquí. No podemos hablar mucho, ¿si alguien conocido nos ve en esta actitud? No son las palabras, es el leguaje corporal.

Me acerco al señor que está expectante, le digo lo que necesito y miro hacia atrás  para ver si él sigue allí. Sí, está. Quiero que se de prisa, quiero tocarle. Solo de pensarlo se me eriza la piel. ¡Bien! Todo fácil y rápido. Camino hacia él. Deja sus quehaceres, seguimos hablando, nos contamos los planes para los próximos días, vamos buscando el hueco para poder vernos. Es una de esas relaciones furtivas. Él está comprometido con otra persona y lo mío… es otro tema. Es imposible, no hay lugar hasta dentro de una semana. Los dos estamos nerviosos, no se puede dilatar más la conversación o no se cómo vamos a terminar. Nos despedimos a duras penas, la semana próxima nos veremos.

Años enredados, secretos, locuras, pasión, demasiada pasión. Diez años después sigue siendo una historia potentísima, de aquellas interminables. La última vez que nos encontramos fue en un bar después de mucho tiempo. Yo iba a tomar algo con unos amigos y él estaba con un cliente. Contentos y sorprendidos, terminamos deshaciéndonos de nuestras respectivas compañías…

Ahí volvió a empezar todo. Los encuentros empezaron a sucederse. Estamos teniendo un sexo increíble, el que nunca habíamos tenido. Es una persona con la que he compartido muchas cosas y por eso le tengo un gran cariño pero en mi recuerdo no está como uno de los mejores amantes, al menos hasta el último año. La noche en la que ya habíamos limado todas las asperezas y rencores fue inolvidable.

Quedamos en el punto de encuentro de siempre. La diferencia es que llegó con casi tres cuartos de hora de retraso. Cuando ya estaba enfadada, diciéndome que qué necesidad tenía de estar ahí y a punto de marcharme, al fin llegó. Ahora sí que habían sido realmente solo diez minutos. Se asoma por la ventana y me da un beso. Repite que lo siente varias veces. Yo no digo nada, estoy rara, tengo todo el vello de punta. Solo con un beso ¿qué me pasa?

  • Tenía muchas ganas de verte. Menos mal que no te has ido.
  • Solamente un cigarro y me marcho. Es tardísimo, mañana tengo que madrugar.
  • No, un cigarro no. Tenía muchas ganas de verte y quiero estar contigo… Estás muy guapa, mucho más que el día de la fiesta.
  • ¡No me hagas la pelota! ¡No cuela!
  • Sabes que no tengo por qué hacértela. Baja del coche y vamos en el mío.
  • Solo un cigarro- Ya he bajado, se acerca y vuelve a besarme. Un escalofrío me recorre toda la espalda. Es una sensación nueva con él. No recuerdo nada así. Sin rechistar subo a su coche. Nos marchamos a otro lugar.
  • ¿Has salido así a la calle? ¿Cómo vas con ese vestido?
  • ¿Qué le pasa?
  • ¿Qué es lo que no le pasa? Estás increíble. Ya te he dicho que tenía muchas ganas de verte.

Me está mirando con esos ojitos, lascivia y deseo es lo único que desprenden. Y yo, también. Continúa conduciendo. Tenemos un problema, estamos muy lejos de mi casa y a la suya es imposible ir. Estamos peor que unos quinceañeros, buscando un rincón tranquilo en el que nadie nos moleste. Nos paramos a comprar unas cervezas y llegamos al lugar. Bastante despejado, muy campestre. Como estamos alejados de la ciudad el cielo se ve estrellado. Fantástica noche de verano. Hablamos, fumamos, reímos, recordamos alguna batalla…

Empieza a acariciarme, a besarme. Me quedo inmóvil. Me dejo hacer. Cierro los ojos para sentir mejor todos sus movimientos. Un escalofrío y otro y otro… Le deseo mucho, cada vez más pero sigo ahí, de pie, mirando el suelo, me besa el cuello. Me muerde despacio, delicadamente. Empiezo a notar su lengua que asciende hacia el lóbulo de la oreja. Resoplo. Estoy nerviosa, excitada. Cada vez más húmeda. Me vuelvo hacia él y lo empujo hasta el coche. Lo mantengo apoyado en él. Aprieto mi pecho contra el suyo. Noto su erección. Nos besamos con fuerza. Me molesta toda la ropa que lleva. Primero le quito la camisa y cuando voy a desabrocharle el pantalón no me deja.-Es demasiado pronto, ¿ a dónde vas?- susurra sonriendo-. No tengas prisa-. Ciertamente la tengo. No estoy acostumbrada a estos encuentros tan pausados. Seguimos jugando, acariciándonos, besándonos, desnudándonos… ya no puedo más estoy empapada.

Entramos en el coche. Es bastante amplio y cómodo. Los asientos son de cuero. Me subo encima de él, en cuanto me penetra noto esa inconfundible sensación. Una mezcla entre escozor y placer. No se muy bien cómo describirlo. La postura en la que estamos es perfecta. La inclinación a la que le somete el respaldo del asiento provoca que el pene presione y acaricie ese punto mágico en el interior de mi vagina. Empiezo a moverme lentamente. Sí, va a pasar, le aviso que en breve me correré. Entre lo excitada que estaba y ahora esto, buff. Todo se acelera, respiraciones, movimientos, jadeos. Al cabo de un momento, no puedo más, tampoco quiero contenerme, así que me corro y noto que es diferente. Más fluido de lo habitual. Seguimos y al par de segundos el dice:

  • ¡Madre mía!- un tono medio desgarrado entre la excitación y la sorpresa.- Estás empapada, me has empapado.

No se durante cuánto tiempo seguimos, nunca soy consciente. Se que hace muchísimo calor. Que estoy disfrutando cada segundo de lo que estamos haciendo. De cómo me muevo sobre él. Es tan rico. Creo que voy a volver a correrme, se lo comento y es como inevitable. Vuelvo a irme. Estoy agotada y… ¡otra vez! Un orgasmo de los bien húmedos. Me sigue un instante después y también se corre. Oh! Por favor, vaya despropósito. ¡Qué locura de sensaciones! Ha sido increíble. Nos separamos. Estamos chorreando entre fluidos y sudor. Bendito verano. Me siento ligeramente avergonzada. Empezamos a reirnos de la situación. El asiento está completamente empapado. Con él no me había pasado nunca. Entre todas mis peculiaridades está la de la “eyaculación femenina”. No me pasa siempre, con determinadas personas.

Ha sido un encuentro fantástico. Saltan las chispas cuando nos vemos. Esa pasión y ese desenfreno no los encuentras con todas las personas, con todas tus parejas. Me ha encandilado. Hemos follado tan bien… que lo deseo más veces. Supongo que por eso sigue pasando, siguen sucediendo los triángulos amorosos. Él está bien en su relación y yo con lo mío. Lo que conseguimos juntos, lo que pasa en esos ratos que pasamos es nuestro y está fuera de otras relaciones. Quizá no es justo, seguramente no es decoroso. Pero el reloj nos ha robado la noche, son las cinco de la mañana, me queda un rato para volver a casa y a las ocho tengo que estar en marcha.

Einstein ya dijo que las casualidades no existen pero más de una vez me pregunto cómo pueden pasar algunas cosas. Pasan días, meses, años que no ves a una persona y de repente en los lugares más inverosímiles aparece. Cosas de amantes.

6 Comments

  1. Ilun dice:

    me a encantado de nuevo GRACIAS!!!!

  2. raquel dice:

    es un hermoso relato ,.muy cierto yo lo he vivido es lo maximo

  3. Alejandro dice:

    Ciertamente real!

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